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EL A�O LITURGICO


Carlos Anderson Acevedo Medina.
Curso IV de Teolog�a.

Habiendo realizado la apertura de este �tem lit�rgico, vemos que se hace necesario hacer una introducci�n al centro y la raz�n de la Liturgia cristiana: el A�o Lit�rgico. Por esta raz�n, antes de abordar un tema o acci�n determinada en la Liturgia, conviene que fijemos nuestra reflexi�n en el a�o lit�rgico, para que, al comprenderlo, podamos orientar el sentido de nuestras celebraciones.

En la liturgia, la Iglesia no celebra sino un �nico misterio: el de Cristo muerto y resucitado, que nos comunic� su vida divina por medio de los sacramentos de la fe, en especial el Bautismo y la Eucarist�a. Cada vez que celebramos la cena del Se�or, participarnos en su Pascua. Mas, al hacerse hombre, Cristo se someti� a la condici�n humana y por lo mismo, a las leyes de la comunicaci�n entre los hombres. Ahora bien, el hombre se halla inmerso en el tiempo v no puede descubrir la grandeza y profundidad del misterio de Cristo sino desarroll�ndolo en el tiempo. Los ritmos peri�dicos de semanas y anos han configurado nuestra psicolog�a. Por consiguiente, no nos tiene que extra�ar el encontrarnos con ellos en el culto divino.

La Iglesia celebra cada domingo el misterio pascual de la muerte y resurrecci�n de Cristo. Pero cada a�o hay un domingo en el que el pueblo cristiano celebra la Pascua con un gozo y una disponibilidad excepcionales: el domingo de Pascua. La Pascua es �la fiesta de las fiestas� y �la solemnidad de las solemnidades� - por valernos de las expresiones entusiastas de Oriente -. Nadie ignora que - la fiesta es una de las expresiones m�s espont�neas de la vida social y que, en todas las civilizaciones, ha revestido desde un principio una forma religiosa. El pueblo de la Antigua Alianza celebr� sus de la Nueva Alianza fiestas en honor del Se�or. El de la Nueva Alianza celebra en la Pascua la fiesta que le otorga su identidad cristiana, y cuya alegr�a se difunde a todo lo largo de los domingos y fiestas del a�o.

Las solemnidades pascuales

El lazo de unión que Cristo quiso establecer entre su sacrificio y la celebración de la Pascua Judía hace que la Pascua cristiana entronque con el Antiguo Testamento. La Pascua cristiana, m�s que la del �xodo, supone una liberaci�n de la servidumbre y constituye el nacimiento de un pueblo, el nuevo pueblo de Dios. Ya San Pablo da testimonio de que, desde el a�o 57, los fieles de Cristo daban una interpretaci�n cristiana a la celebraci�n de la Pascua jud�a: �Nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado. As� que, celebremos la fiesta, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia y perversidad, sino con �cimos de pureza y verdad� (1 Cor 5, 7-8).�����

Precisamente por esta uni�n con la Pascua jud�a fue por lo que la fiesta cristiana de Pascua se estableci� no seg�n el calendario solar- como las restantes fiestas-, sino de acuerdo con un calendario solar y lunar a un mismo tiempo- lo cual puede hacer que la Pascua var�e, seg�n los a�os, entre el 22 de marzo y el 25 de abril - Adem�s, la divergencia en la computaci�n de las fechas hace que los cristianos de Oriente y Occidente apenas celebren nunca la Pascua en un mismo d�a. Con todo, median negociaciones entre las diversas Iglesias con miras a fijar la Pascua en el segundo o tercer domingo de abril. De llegar a buen t�rmino, todos los bautizados, diseminados por el mundo entero, podr�an celebrar juntamente la resurrecci�n del Se�or.

Tr�duo pascual

La solemnidad pascual est� unida desde el principio a la Noche Santa, en la que �la Iglesia vela con amor� a la escucha de la palabra de Dios, y en la celebraci�n los sacramentos de la iniciaci�n cristiana: Bautismo, Confirmaci�n y Eucarist�a. Es el momento en que todos los fieles de Cristo renuevan junto con �l su caminar hacia el Padre. La Vigilia pascual�� constituye la cima y el centro del a�o cristiano.����

Pero �tambi�n el coraz�n posee sus razones�. Por consiguiente, aun hallando en la celebraci�n de los sacramentos durante la Noche Santa lo esencial de la gracia pascual, la Iglesia siente la necesidad de seguir paso a paso al Se�or Jes�s en su Pasi�n redentora, desde la cena en que instituy� la Eucarist�a hasta las apariciones por medio de las cuales dio a conocer su resurrecci�n a los disc�pulos. El Triduo Pascual de Cristo muerto, sepultado y resucitado nace de esa necesidad. Tiene lugar desde la tarde del "Jueves santo hasta el domingo de Pascua: el jueves, a la tarde, se celebra la Misa de la Cena santa; el viernes, en las primeras horas de la tarde, la Pasi�n de Jes�s; el s�bado, honra - con la ausencia de toda celebraci�n lit�rgica - el misterio de Cristo en el sepulcro, y en la Misa del domingo damos gracias a Dios por la maravilla que ha obrado al resucitar a su Hijo de entre los muertos y al franquearnos, mediante ese mismo hecho, las puertas de la vida.

Tiempo pascual

No basta un solo d�a para expresar la alegr�a de la Resurrecci�n. Por consiguiente, la Iglesia celebra la solemnidad pascual durante los cincuenta d�as que separan la Pascua de Pentecost�s. Guiada por la lectura diaria de los Hechos de los Ap�stoles y del Evangelio Seg�n San Juan, descubre durante siete semanas todo lo que la muerte y la resurrecci�n del Se�or han supuesto para el mundo, y hace elevarse a Dios la alabanza de los redimidos por medio del canto del Aleluya.�����

A los cuarenta d�as de la Pascua - o el domingo siguiente, en algunas regiones - celebramos la Ascensi�n del Se�or. Desde ese d�a, en la celebraci�n lit�rgica se une el recuerdo de la venida del Esp�ritu Santo a la alegr�a pascual.

Cuaresma

La solemnidad pascual se prepara, desde el mi�rcoles de ceniza hasta el jueves santo, con cuarenta d�as de penitencia, a lo largo de los cuales toda la comunidad acompa�a a los catec�menos en su preparaci�n para el Bautismo, y se dispone, por su Parte, a renovar su profesi�n de fe bautismal durante la Noche Santa. La liturgia diaria de la misa y las celebraciones penitenciales de Cuaresma, invitan al cristiano a someter a juicio ante Dios las directrices fundamentales de su vida, a fin de abrirse a la gracia de la renovaci�n pascual.

El �ltimo domingo de Cuaresma -el domingo de Ramos y de Pasi�n-, comienza la semana Santa: la procesi�n en que revivimos la entrada triunfal de Jes�s en Jerusal�n y la lectura de la Pasi�n, que nos pone ante la vista a Cristo en cruz, forman el p�rtico majestuoso de las solemnidades de nuestra redenci�n.

Durante los tres meses que separan el primer domingo de Cuaresma del domingo de Pentecost�s, la comunidad de los cristianos vive el per�odo m�s intenso del ano. Por importante que sea la celebraci�n de las fiestas de la venida del Se�or entre nosotros, no admite comparaci�n con las de la Pascua. En el ano cristiano s�lo - hay dos polos: Pascua y Navidad. Y un punto culminante, Pascua.

Tiempo de Adviento

Las cuatro semanas del tiempo de Adviento supusieron, al inicio una preparaci�n para las celebraciones de la Natividad Mas si Cristo vino a los hombres haci�ndose como uno de ellos y manifest� su gloria en las diversas epifan�as que encuadran su infancia y los comienzos de su predicaci�n, un d�a volver� como juez de vivos y muertos Por consiguiente, la liturgia del Adviento evoca alternativamente ambas venidas del Se�or, haciendo notar a la vez que Cristo no cesa de venir al mundo y de manifestarse a los hombres a trav�s de la vida y el testimonio de los que creen en �l.

Tiempo de Navidad

Con toda legitimidad la piedad moderna ha revestido la fiesta de la Natividad de Jes�s con la ternura y poes�a propias del recuerdo del Ni�o. En un principio, sin embargo, constituy� una fiesta casi austera, una reclamaci�n solemne de la divinidad de Cristo ante aquellos que la negaban (siglo IV): en el hijo de la virgen Mar�a adoramos al hijo de Dios. Las fiestas de la Epifan�a y del bautismo de Jes�s, as� como la de la Maternidad divina de Mar�a, afirman - cada una a su manera – el mismo dogma de nuestra fe; en tanto que en la fiesta de la Sagrada Familia, descubrimos las implicaciones m�s humanas del misterio de la Encarnaci�n.

Tiempo ordinario

Adem�s de los tiempos lit�rgicos que acabamos de presentar, quedan a�n en el a�o treinta y tres o treinta y cuatro semanas que no Poseen ninguna configuraci�n especial. Se las denomina Tiempo ordinario. Este tiempo se desarrolla en dos per�odos, cuya duraci�n var�a seg�n la fecha de la Pascua, desde el 7 de enero hasta la Cuaresma y desde Pentecost�s hasta el Adviento.

Las fiestas del Se�or y de los Santos

A lo largo del a�o, celebramos varias fiestas del Se�or, que vienen a sumarse a las solemnidades mayores ligadas al tiempo de Pascua y Navidad: tales como, por ejemplo, la del Sant�simo Cuerpo y Sangre de Cristo, la del Sagrado Coraz�n de Jes�s, la de la Transfiguraci�n del Se�or y la de la Exaltaci�n de la Santa Cruz. Tambi�n se celebran fiestas de la Sant�sima Virgen Mar�a y de los Santos. Si bien la liturgia del domingo no cede su puesto m�s que a las solemnidades del Se�or, de la Virgen Mar�a y otros Santos, los restantes d�as de la semana est�n consagrados con frecuencia, a excepci�n de la Cuaresma, a los aniversarios de los Santos. De este modo proclama la Iglesia: el misterio pascual cumplido en ellos, que sufrieron y fueron glorificados con Cristo; propone a los fieles sus ejemplos, y, por los m�ritos de los mismos, implora los beneficios divinos. (SC 111).

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