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La oraci�n de los salmos
Con seguridad alguna vez
hemos abierto en la Biblia el libro de los salmos, y quiz�s nos
ha dado la impresi�n de que s�lo se trata de una obra po�tica, una
simple sucesi�n de im�genes, algunas de ellas bell�simas, pero que
nos dejan religiosamente indiferentes; no parecen palabras escritas
para nosotros. Sin embargo, los salmos son la oraci�n m�s bella
que existe, despu�s del Padrenuestro, seg�n dicen much�simas personas.
Esta afirmaci�n puede parecer
un tanto gratuita, pero si la examinamos, nos daremos cuenta de
que es verdad. La oraci�n de los salmos o del Salterio parte siempre
de una situaci�n cotidiana, com�n en la vida de todo ser humano,
situaciones en las que se mezclan el dolor y la alegr�a. La oraci�n
de los salmos quiere infundir en esta situaci�n sobre todo una gran
confianza en Dios. Por medio de los salmos el ser humano es invitado
y ense�ado a elevarse, incluso a trav�s de las experiencias dolorosas,
al gran amor de Dios que es fiel, amor que conserva para todas sus
criaturas. Los salmos quieren ayudarnos a creer, en todo momento
de la vida, en la bondad del Se�or, que siempre est� cercano. En
los salmos, adem�s, predomina la forma del di�logo y el di�logo
debe entretejerse entre la criatura y su Dios. Es un di�logo que
se acepta para responder a las iniciativas de Dios. Es un di�logo
que permite a Dios continuar realizando su acci�n ben�fica respecto
de aquel que se acerca y se abre a �l con fe. Es un di�logo sincero,
cordial confidente y profundo, amigable y no obstante siempre respetuoso
del misterio de Dios, bien conscientes adem�s de este misterio y
del contraste frecuente entre la experiencia y la fe, entre la realidad
y la esperanza.
Pero para poder entender
y gustar ese di�logo, hay que conocerlo. Hay que aprender qu� son
los salmos y la oraci�n que ellos nos ofrecen.
El hombre ora en los
salmos
El n�mero de salmos que
aparecen en la Biblia es de 150. casi todos los salmos tienen una
doble numeraci�n: La m�s alta corresponde a la numeraci�n de la
Biblia hebrea, la m�s baja corresponde a la versi�n latina de la
Biblia.
Algunos salmos se componen
de pocas estrofas, y otros de apenas unos pocos vers�culos; otros
en cambio tienen una longitud considerable. Pero as� sean breves
o largos, los salmos cantan las diversas experiencias de los hombres
y mujeres de todos los tiempos: su miseria y debilidad; los dones
recibidos de la bondad y magnificencia del Creador; la opresi�n
y la angustia que pesan sobre el coraz�n humano cuando lo circundan
los enemigos y los malvados de todo tipo; entusiasmos y desilusiones;
fe y dudas; victorias y derrotas; amor por la ciudad y por el pueblo
de Dios, sed de venganza sobre los pecadores y los enemigos... S�,
incluso los deseos de venganza, esos pensamientos turbulentos que
nos asaltan y que a veces quisi�ramos que se hicieran realidad,
para poder desquitarnos de los enemigos.
En los salmos estos deseos
expresan el deseo de ver pronto la victoria de Dios sobre las fuerzas
adversas y demoledoras. En ese punto no contienen nada de escandaloso
y poco edificante. Pero los salmos son expresi�n de una educaci�n
todav�a imperfecta: los salmistas no sab�an distinguir claramente
entre pecado y pecador, entre el mal y los malos. El cristiano en
cambio lo sabe (�o al menos deber�a saberlo!); por eso se apropiar�
de aquellos deseos de venganza, pero recordando que los verdaderos
enemigos son Satan�s, el pecado, el mal en todas sus formas f�sicas,
espirituales y morales.
Los sentimientos y las situaciones
presentes en los salmos son entonces comunes a los hombres de todos
los tiempos. La forma de los salmos es expresi�n de la sensibilidad
de los israelitas de la antig�edad: concreta, rica en im�genes y
cosas, sincera, sin t�rminos medios, carente de la zalamer�a de
cierta literatura acad�mica y de algunas obras piadosas. Los ejemplos
son abundant�simos. Puede ser tambi�n que este lenguaje directo
hiera la sensibilidad de algunas personas; por otra parte, al leer
algunos salmos, nos damos cuenta de que son composiciones literariamente
estupendas.
Otra caracter�stica de la
poes�a hebrea es por una parte la falta de rima, y por otra parte
la presencia continua del �paralelismo�. Es f�cil darse cuenta de
que en muchos casos algunas ideas est�n expresadas dos veces de
manera ligeramente diversa. Por ejemplo,
����������� �Cuando Israel
sali� de Egipto, la casa de Jacob de un pueblo b�rbaro,�� Jud� se
convirti� en su santuario, Israel en su dominio... Las monta�as
brincaron como carneros, las colinas como corderos...�
(Salmo 114,1.4)
Algunos piensan que este
uso se origin� en que muchas veces el pap� dec�a una idea y la mam�
la repet�a al o�do de su hijo peque�o, que la escuchaba con atenci�n...
eso es pura especulaci�n. De todos modos, el paralelismo de las
frases es abundant�simo en la Biblia y sirve mucho para entender
una frase oscura a partir de la frase paralela que quiz�s es m�s
clara.
Los salmos nos ayudan
a encontrarnos con Dios
Los salmos est�n escritos
para ponernos en di�logo con Dios, llam�ndonos a entrar en el di�logo
que los salmistas ten�an con �l: los hebreos creyentes en el Dios
de la alianza, ayudan a quien reza con los salmos a entrar en contacto
con Dios mediante su fe y su espiritualidad.
La presencia y la obra de
Dios, con quien se dialoga, se pueden ver en algunos de sus signos:
el primero de ellos es la creaci�n. La naturaleza habla de
las obras maravillosas del Se�or. Dios, por su bondad, ha dado vida
a la creaci�n, la sostiene, la embellece y la convierte en escenario
de la historia de nuestra salvaci�n. Por eso, algunas veces los
salmistas conversan con Dios, a quien ven presente y operante en
la naturaleza, por ejemplo, el Salmo 104 (103).
Asimismo, la grandeza y
la bondad de Dios se manifestaban a�n m�s en la historia del
pueblo de Dios. El recorrido de la historia hebrea revelaba
la particular presencia de Dios Salvador en ella y hablaba de su
plan de salvaci�n. Por eso los salmos evocan tantas veces los hechos
del pasado, sobre todo de la salida de Egipto. De este modo, la
historia de Israel nos habla tambi�n de ese plan divino de redenci�n,
de sus avances posteriores y de sus modos de realizaci�n, porque
Dios no cambia su manera de actuar (Salmo 80 [79]; 106 [105]; 136
[135], etc.).
La grandeza o la bondad
de Dios se manifestaban en el templo, en la ciudad de Si�n,
en la vida del pueblo elegido, en el poder y la gloria de
sus reyes y de sus jefes. Todo ello era otra serie
de signos de la presencia ben�fica de Dios en Israel. Por eso los
salmos hablan con frecuencia de todas estas cosas; ellos expresan
unas veces el agradecimiento y la alabanza a Dios por Si�n (Salmo
48 [47]), otras veces del deseo de regresar y permanecer en la ciudad
santa y en el templo para gozar de la presencia de Dios (42-43 [41-42]),
y otras veces hablan de la angustia porque la naci�n y la ciudad
est�n destruidas u oprimidas por muchos males (Sal 79 [78], etc.).
Estos sentimientos educan
al cristiano a descubrir el sentido que tiene la Iglesia, a vivir
con ella y en ella. La Iglesia es un gran �signo� de la presencia
de Dios en el mundo. El Dios con el cual podemos dialogar hoy, vive
en la Iglesia, nueva Si�n y nuevo templo, pueblo de Dios que contin�a
el del Antiguo Testamento, nuevo Israel. En ella est� presente Cristo-Dios,
su palabra, su Esp�ritu, su presencia eucar�stica. Por tanto la
alabanza, la acci�n de gracias, la oraci�n, el amor de los antiguos
salmistas por Si�n, por el pueblo, por el templo se convierte en
una �ptima expresi�n y alimento de la alabanza, de la acci�n de
gracias, de la oraci�n, del amor del cristiano por la Iglesia, y
expresi�n y alimento de su di�logo con el Se�or que vive en su Iglesia.
Los salmos invitan a
la esperanza
La fe de los salmistas nos
dice que Dios de veras nos ama, es nuestro amigo, est� cercano a
nosotros y quiere ser nuestra esperanza en medio de los avatares
de la vida. Precisamente, el mensaje fundamental que trae el salterio
es un mensaje de esperanza. La esperanza del hombre que aspira a
ser feliz, que anhela ser curado de alg�n mal o enfermedad, el deseo
de obtener la pureza del alma y la vida. La esperanza de vivir siempre
con Dios, la esperanza de habitar en un mundo m�s justo y m�s bello.
�sta es la esperanza que
invade el coraz�n del salmista, aunque lo amenazan las tempestades
miedos, dudas, angustias. Es una esperanza llena de confianza: la
confianza de quien sabe que tiene como aliado a Dios mismo, el Dios
poderoso y fiel, el dios que aunque es misterioso, es tambi�n amigo
y padre, el Dios siempre cercano, aun cuando los �signos� de su
presencia a veces no nos digan nada, y precisamente ese �silencio�
de Dios convierte la oraci�n en un �grito en medio del desierto�,
una lucha entre las tinieblas que nos rodean y la luz de la fe y
de la esperanza (Salmo 22 [21]).
Los salmos buscan infundir
mucha confianza en nuestro coraz�n y en nuestra vida cristiana.
Ellos se hacen tambi�n nuestra propia voz para alabar al Se�or,
para decirle �gracias� por todo, para disponernos a recibir su perd�n
y otros signos de su amor, para pedirle al Se�or que no aleje de
nosotros su rostro misericordioso, aunque seamos d�biles, pecadores,
inconstantes, incoherentes, tenemos deseos de colaborarle en la
construcci�n de un pueblo menos alejado de su Ley y de su bondad
(Salmo 15 [14]; 50 [49]; 55 [54]; 119 [118]; etc.).
Recordemos tambi�n que los
salmistas al mismo tiempo eran �hagi�grafos�, y como tales,
Dios nos habla a trav�s de ellos. Entonces Dios quiere infundirnos
confianza. Dios mismo nos sugiere c�mo dialogar con �l. Por eso
los salmos no son una de las tantas formas de oraci�n, sino �la�
oraci�n. Basta que entendamos la oraci�n como un medio para
elevarnos a Dios, para unirnos cada vez m�s a �l: Dios mismo es
quien nos ofrece ese medio.
As� los salmos se vuelven
oraci�n encuentro di�logo entre Dios y el hombre.
Son la expresi�n de la amistad de Dios con nosotros y de nuestra
amistad con �l. Se vuelven y son la voz de Dios para nosotros y
la voz de nuestra alabanza, de nuestra invocaci�n, de nuestro dolor,
de nuestra confianza en �l. A trav�s de los salmos, que brotaron
de la fe de poetas de hace tantos siglos (comenzando con David),
Dios se acerca y nos acoge en sus brazos, para darnos el consuelo
de su amistad y para prepararnos para disfrutar de su gozo infinito.
Los salmos, oraci�n de
Jes�s y de la Iglesia
Hay que tener en cuenta
que Jes�s recit� los salmos como expresi�n de su fe en la existencia
de Dios, Padre �m�o y vuestro�; como expresi�n de sus sentimientos
filiales hacia el Padre y de su amor por su pueblo (Israel-Iglesia).
Los salmos son la oraci�n de la Iglesia y cuando rezamos individual
o comunitariamente los salmos, nos unimos a la oraci�n de la Iglesia.
Los recitamos igualmente con la Virgen Mar�a, porque tambi�n ella
los recit� como expresi�n de su oraci�n. Y tambi�n se pueden recitar
dirigi�ndolos a Jes�s, pero no hay que perder de vista el sentido
original de los salmos; de lo contrario se pierde el esp�ritu de
oraci�n que dios nos quiere transmitir con los salmos.
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