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La iglesia,
el Mundo y el� Reino de Dios.
Por: Gabriel Alberto Chaves - Jhonnier Alexander Cardona.
La evangelizaci�n no se debe limitar a un quehacer,
o sea, hacer y hacer cosas sin pensar, sino que se evangeliza� pensando,
reflexionando y actuando. Teniendo como punto de referencia, la
situaci�n particular-.
��������������� El trabajo PASTORAL nos permite
descubrir que para que haya verdadera eficacia debe existir -equilibrio,
un punto intermedio, la ponderaci�n-, en todos los componentes de
una Evangelizaci�n, una Iglesia que anuncie el Reino y sea fiel
a su misi�n, que este en consonancia con el mundo, y constantemente
valorando, analizando, e interpelando sobre sus necesidades y circunstancias
particulares, clave del �xito pastoral.
�Aprender a discernir, esta es� una labor delicada
y ense�ar a discernir la presencia del Reino, ya que este se encuentra
mezclado con otras realizaciones que son anti-reino, constituye
todo un desaf�o para la labor apost�lica.
Habr� que confrontar esos signos con el evangelio
para comprobar que el Reino est� presente, aunque amenazado, que
hay que tener paciencia, para no arrancar el trigo con la ciza�a,
y aprender a vivir esperanzadamente las tensiones dial�cticas que
nos rodean, porque estamos empe�ados en una lucha sin cuartel contra
el mal, donde la criba final hay que dej�rsela a Dios.
���������������
��������������� El Reino es escatol�gico, y es
un misterio escondido el cual ha sido revelado en Cristo. Quiere
decir que el Reino mismo es Jes�s, el cristos (Cristo), el� Kyrios,� el Hijo de Dios. En
otras palabras, es el anuncio kerigm�tico vivido a partir de la
fe post-pascual como acontecimiento salv�fico.
��������������� Descubrimos, alegremente, que
la Iglesia es ese cuerpo de Cristo que es un misterio y sacramento
de Salvaci�n para los hombres. La cual se plenifica, por as� decirlo,
en primer lugar con Cristo y en segundo lugar con la comunidad�
inserta en el mundo a la cual se le anuncia el Reino. De ah� que
se diga y que el fin de la Iglesia es la evangelizaci�n.
��������������� Fundamental para la eficacia de
la misi�n a la cual ha sido llamada la Iglesia la especial� atenci�n
a los signos de los tiempos� como una tarea irrenunciable y una
responsabilidad para cada uno.
Con ello se hace m�s inmediato el descubrimiento
de� todo lo que hay de bello, de bueno y de verdadero en nuestra
historia y en el mundo del cual hacemos parte. Pero, para� los creyentes,
esos signos tienen un significado ulterior. La presencia permanente
de un Dios que, incluso despu�s del acontecimiento de la encarnaci�n,
sigue habitando en medio de nosotros y viviendo con nosotros. Cristo
que contin�a irrumpiendo en la historia de cada persona y de la
humanidad.
Por tanto, creemos crucial, presentarles estos
componentes, para un desarrollo efectivo, de la praxis pastoral
apropiada, a los requerimientos del tercer milenio.
I. REINO DE DIOS.
1. S�ntesis B�blico - Teol�gica.
En el Antiguo Testamento se nos presenta
la designaci�n de un dios como rey, lo cual se encuentra muy propagado
en el antiguo oriente. La divinidad ejerce� soberan�a sobre su ciudad,
sobre su reino, sobre los pr�ncipes, y el pueblo� es due�o del pa�s,
otorga prosperidad y bienestar, corrige y castiga. Se presentan
otros t�tulos, como Dios Padre (Ex 3,13),� pero el t�tulo
de rey gana r�pidamente terreno, por ejemplo: en Salmos y doxolog�as
(Sal 29). El arca de la alianza como trono de Dios es garant�a de
su poderosa presencia (N�m 10, 35), Yahv� como rey del mundo. Su
acci�n� y su funci�n de Juez del mundo. Israel debe pensar que �l
mismo fue liberado por Dios de la servidumbre y de la esclavitud.
Con los profetas el matiz principal se toma a
partir de las promesas. El nuevo reinado de Yahv� se describe como
felicidad consumada, que por Israel viene comunicada a todos los
pueblos, origina una transformaci�n interior, abarca la tierra como
un espacio vital, y hasta creaci�n entera.
En el Nuevo Testamento: Jes�s no dio a sus
oyentes una definici�n del reino, les aport� la radical novedad
de su persona y su vida, al presentarse ante ellos como el alegre
mensajero anunciado por Isa�as. En este orden de ideas, �Cristo
mismo es el Reino de Dios, Jes�s empez� su predicaci�n anunciando
que el Reino de Dios est� cerca (Mc 1, 15). Jes�s percib�a
que el Reino futuro de Dios se estaba haciendo� presente en su acci�n
y que, en su persona, estaba apareciendo en la tierra algo nuevo
el amor� infinito del Abb�, del Padre, por todos los humanos. �l
anunciaba la llegada del� Reino, dando, con sus palabras y acciones,
inequ�vocas muestras de la misma, al mismo tiempo que invitaba a
todos a la conversi�n y a la fe. ( Mc 1, 15).
2. Se�ales del Reino:
�l ama y perdona, invita a todos, pero con especial
inter�s a los pecadores, a la comuni�n de vida y amor con �l, ofrece
un nuevo comienzo para la vida. Jes�s realiz� muchos milagros,
prodigios y se�ales (Hech 2, 22),� como manifestaciones -
signos de que Dios quiere siempre� la vida para todos y de que el
mal retrocede en su presencia-. Las curaciones y expulsiones de
demonios son signos del Reino de Dios, que se ha acercado en Jes�s,
Si yo arrojo a los demonios por el dedo de Dios es que el
Reino de Dios ha llegado a vosotros (Lc 11, 20).
3. Caracter�sticas del Reino.
Un rasgo fundamental es que cuando Jes�s presenta
el reino lo hace con lo que es peque�o, ordinario, insignificante
para nuestro mundo, y para Jes�s, por el contrario, es de gran valor.
Gestos ignorados y sin relieve, van paulatinamente creando espacios
de fraternidad.� Ciertamente menudean las im�genes perlas finas
y tesoros escondidos (Mt 13, 44-46), ceremonias nupciales de j�venes
previsoras o descuidadas (Mt 25, 1 -13), banquetes de bodas regias,
(Mt 22, 2-10), dineros confiados en custodia, (Mt 25, 14-30), vi�adores
generosamente contratados, (Mt 20, 1-16).
Con im�genes de la vida real, comunicaba Jes�s
los secretos del Reino a sus oyentes. En �ltimas el Reino es un
misterio. Est� escondido. Se insin�a en todas partes, en medio de
todo, pero s�lo lo perciben y acogen los sencillos de coraz�n (Mt
11,25, Lc 10,21).
4. Concepci�n del Reino de los primeros Cristianos:
Los cristianos primitivos anunciaban a Jes�s,
el Cristo, el� Kyrios,� el Hijo de Dios como el Reino mismo. Es
decir,� es el anuncio kerigm�tico vivido a partir de la fe post-pascual
como acontecimiento salv�fico.
Por ejemplo, para Pablo, la realeza de Dios se
realiza fundamentalmente en el Reinado de Cristo ( 1 Cor 14,24).
Este Reinado est� presente en los fieles (Col 3,1-4), en la Iglesia,
(Col 1, 18-24), en la acci�n de los ministros y carism�ticos autorizados,
(Ef 4, 11-16). Mediante la predicaci�n se manifiesta entre los gentiles,
la fragancia de este conocimiento. (2 Cor 2,14).
II. LA IGLESIA.
1. Definici�n :
La expresi�n Iglesia , etimol�gicamente,� significa
(ekkles�a, asamblea, convocaci�n), indica una comunidad convocada
por el Se�or, propiedad esponsal suya. Por ser Cristo su cabeza,
�sta se llama Cuerpo de Cristo (Ef 1, 22-33). La teolog�a nos proporciona
4 caracter�sticas propias de la Iglesia a saber: Unidad, catolicidad,
apostolicidad y santidad.
En este contexto al intentar definir el t�rmino
Iglesia, se deben considerar varios elementos teol�gicos como :
��������������� En primer lugar ,la Iglesia� es
ante todo una realidad concreta y experimentable, cuya significaci�n
verdadera solo se descubre en la fe.
��������������� La Iglesia como� Misterio y Sacramento
de la salvaci�n, que alcanza su m�s profunda significaci�n� dentro
de la perspectiva trinitaria. Cuando decimos que la Iglesia es en
Cristo el sacramento , nos referimos a que es el signo e instrumento
de la �ntima uni�n con Dios y de la unidad de la humanidad�
��������������� La Iglesia , es� aquella comunidad
en la que, por la opci�n del Esp�ritu Santo, se hace presente Jesucristo,
el crucificado y resucitado, con su misterio pascual de salvaci�n
y de cara al futuro y al mundo. La Iglesia est� llamada a revelar
el misterio del Se�or, ante el mundo.
��������������� La Iglesia tambi�n se define como
cuerpo de Cristo porque ella est� fundada en la comunidad de la
fe testimoniada en el bautismo y se contin�a en la comuni�n del
mismo pan eucar�stico, que une a los creyentes con el cuerpo resucitado
del Se�or. La hora natal de la Iglesia es en Pentecost�s, por tanto,
el fundamento de la Iglesia en cuanto comunidad y como instituci�n
es el Esp�ritu.
��������������� La Iglesia tambi�n es el pueblo
de Dios que por el esp�ritu se ha hecho cuerpo de Cristo, la Iglesia
tiene su origen como pueblo de Dios� de la alianza nueva y eterna
en la muerte de Jes�s y en la experiencia del Pneuma el d�a de Pentecost�s.
Subsiste por la predicaci�n del Evangelio, por el bautismo y la
fe, en unidad y comuni�n con el Cristo muerto y resucitado ( 1 Cor
10, 16 ss)
2. El magisterio actual acerca de la Iglesia :
La Iglesia es
la Familia de Dios, querida por el Padre a trav�s de la historia
, prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente
en la historia del Pueblo de Israel y en la antigua alianza. [1]
La Iglesia es
fruto de la Redenci�n, es decir, del Esp�ritu Santo comunicado por
Jes�s, puesto que del costado de Cristo, dormido en la Cruz,
naci� el Sacramento admirable de toda la Iglesia [2] .
La eficacia del misterio de Cristo escondido y
manifestado en ella, se convierte en misi�n, �La Iglesia
es misionera por su misma naturaleza [3] . Su acci�n evangelizadora no es facultativa, sino un
acto profundamente eclesial [4] . Ser Iglesia equivale a formar parte de una comunidad
que es evangelizadora [5] .
Iglesia
es comuni�n : �La Iglesia, por su misma naturaleza
de comunidad fundada y convocada por Jes�s, es comuni�n de hermanos,
esto significa ser y poner en com�n, compartir la misma vida.
[6]
La Iglesia
es esposa : Los contenidos b�blicos sobre el
Pueblo de Dios tienen un sentido esponsal. Efectivamente se trata
de la comunidad que es propiedad esponsal de Dios, con base en un
pacto de amor o Alianza (Ex 6,7). Jesucristo ha querido usar esta
terminolog�a al calificarse de esposo (Mc 2, 19). El desposorio
con Cristo indica una amistad profunda con �l, expresada en� relaci�n�
y seguimiento, con el compromiso de amarle y de hacerle amar.
La iglesia
es Madre : �La Iglesia es madre como esposa
fecunda y virgen fiel. Esta Maternidad, propia de todo bautizado,
tiene lugar especialmente por medio de la santificaci�n y de la
acci�n apost�lica. La maternidad de la iglesia es ministerial� en
cuanto se relaciona estrechamente� con los signos que constituyen
su sacramentalidad. A trav�s de los signos ministeriales y de los
signos sacramentales.
3. Concepci�n de la Iglesia en el Nuevo Testamento :
La Iglesia es� jer�rquica� fundada por el Mismo
Jesucristo , Yo te digo, T� eres Pedro y sobre esta piedra
edificar� mi Iglesia ( Mt 16, 18). El� Nuevo Testamento
describe la Iglesia bajo las siguientes ideas : Comunidad (Act
2, 42), fe concorde, participaci�n en la Eucarist�a y en la misma
oraci�n, comuni�n en la Jerarqu�a (G�l 2, 9), servicio a los pobres
y cuidado de ellos (2 Cor 9, 13).
III. MUNDO.
El concepto mundo es esencial en la
historia de la filosof�a, de la teolog�a y de las religiones, pero�
es utilizado con significados diversos, no siempre reflejos y plurivalentes.
As�, pues, mundo puede significar la totalidad de la
humanidad viviente, la totalidad de cuanto existe, el cosmos o el
universo como naturaleza� - objeto de las ciencias naturales - ,
el �mbito de las cosas visibles o materiales, la creaci�n , etc.
Por no existir un concepto previo, suficientemente
determinado de mundo, este fen�meno se ha interpretado a lo largo
de la historia desde diversas perspectivas. Ciertamente la visi�n
que interesa en este caso es la de mundo como una funci�n determinante
en la historia de la fe y de la teolog�a.
La reflexi�n teol�gica considera al� mundo como
la totalidad de las cosas �nticamente localizables, materiales y
visibles, surge primeramente la cuesti�n moral acerca del recto
uso de este mundo en orden al fin �ltimo del hombre. El cristiano
debe enfrentarse a la actitud naturalista e inmanentista de puro
goce del mundo� y una consideraci�n dualista, afirmando, conforme
a la doctrina paulina del� ( 1 Cor 7, 29-31),� que el mundo� es
creaci�n de Dios y, al mismo tiempo, reconociendo con objetivismo
cr�tico su estado de lesi�n, proveniente� de la culpa
original (Cf, Rom 8, 20-22). El mundo es considerado como un peligro
para el cristiano , sin embargo, el peligro no se encuentra tanto
en las cosas del mundo como en el coraz�n humano. La perspectiva
decisiva para toda la comprensi�n teol�gica del mundo reside en
el misterio de la encarnaci�n y de la cruz.
1.� El mundo en el NT.
Por ejemplo, En los sin�pticos el advenimiento
del Reino de Dios, es presentado como aniquilamiento del dominio
de Satan�s, que tiene sometido al mundo ( Mt 12,28). Las enfermedades
y las miserias que caracterizan al mundo tienen su origen en esta
posesi�n diab�lica. El mundo es un peligro para los creyentes (
Mc 4, 19 ; 8,36). Pero los disc�pulos son sal y luz para el
mundo (Mt 5,13).
En San Pablo, �l no posee una imagen previa del
mundo desde la cual teologice. Su juicio ser� sobre el mundo, est�
condicionado por el evangelio de la �nica salvaci�n� en Jesucristo,
de modo que antes y al margen de Cristo todo es perdici�n. El mundo
es siempre lo que es para el hombre, y el mundo� es para el hombre
�nicamente lo que es desde la perspectiva de Cristo. El mundo para
Pablo, es entendido como algo� opuesto a Dios, al Se�or, al esp�ritu
y a la libertad, en este sentido, es este mundo (1 Cor 1, 20 ss).
El concepto jo�nico de mundo est� esbozado en
la perspectiva� de la fe en Cristo. El mundo es fundamentalmente
considerado en su oposici�n a Dios. El mundo es el lugar de advenimiento,
de la acci�n y del juicio del Logos� preexistente (Jn 16,28). La
valoraci�n positiva del mundo se encuentra en que la luz vino a
este mundo, de que en su historia tuvo lugar la revelaci�n cuando
el Logos se hizo carne y se apropi� la figura de este mundo ( JN
1, 14). El mundo es enemigo del cristiano, el cual debe y puede
vencerlo por la fe en Jes�s ( 1 Jn 5,4 ss). Por proceder de Dios
los cristianos son superiores al mundo, pues Dios es mayor que el
anticristo� ( 1 Jn 4, 4-6) . Jes�s ya ha vencido el mundo (16,33)
IV SIGNOS DE LOS TIEMPOS.
La atenci�n constante a la historia y la relaci�n�
del Evangelio con ella hacen surgir teol�gicamente, el tema de los
signos de los tiempos. Signos de los tiempos es una expresi�n antigua;
su origen evang�lico remite a la necesidad que ha de tener el creyente
de escrutar constantemente el mundo en el que vive para poder comprender
ante todo las expresiones positivas o negativas que se dan en �l,
verificar luego las orientaciones que asume y , finalmente, poder
influir en �l con la fuerza provocadora y renovadora del evangelio.
Ciertamente , la expresi�n aparece por primera vez en Mt 16,3 ,
Lc 12, 54 - 56.
En este orden de ideas, podemos definir este t�rmino
como �los acontecimientos hist�ricos que crean un consenso universal,
por los que el creyente es confirmado� en la verificaci�n del obrar
inmutable y dram�tico de Dios en la historia, y el no creyente�
se orienta hacia la individuaci�n de opciones cada vez m�s verdaderas,
coherentes y fundamentales en favor de una promoci�n de la humanidad. [7]
Esta definici�n intenta sintetizar algunas ideas
constitutivas para la identificaci�n de los signos de los tiempos.
Se habla ante todo de acontecimientos hist�ricos, esto significa
que no todos los hechos pueden ser considerados signos de los tiempos;
sino que s�lo aquellos que tienen la caracter�stica de ser acontecimientos.
Se dice adem�s que se requiere el consenso universal;
por eso estos signos deben ser catalizadores de alguna manera. Tienen
que expresar� una� caracter�stica de universalidad. Por tanto, los
signos, de los tiempos est�n llamados a expresar el signo progresivo
de unidad de los diversos elementos humanos que, prescindiendo de
an�lisis propios, de intereses privados, tienden hacia el bien de
la humanidad.
En la definici�n que hemos dado se distingue expresamente
entre la lectura del creyente y la del no creyente. As�, pues, entendemos
por creyente aqu�l que est� inserto en la comunidad cristiana y
al que, en virtud de esto, est� llamado a leer los signos de los
tiempos a la luz de la Palabra de Dios Para el no creyente los signos
de los tiempos podr�n expresar las tensiones y aspiraciones de los
hombres hacia una forma de vida m�s humana.
Consideramos� que, como principio teol�gico el
int�rprete cualificado de los signos de los tiempos tiene que ser
la comunidad creyente. El concilio dice que el sujeto de la interpretaci�n�
es la Iglesia".
En unos pocos rasgos encontramos que los principios
fundamentales que determinan el modo de situarse ante los signos
de los tiempos son reconocimiento, lectura, interpretaci�n, Juicio,
pero dentro de la comunidad y con la competencia espec�fica de cada
uno. Por tanto, la Iglesia local se hace int�rprete de los signos
de� los tiempos, respetando las funciones y los carismas de cada
uno, pero caminando� junto con toda la humanidad (GS
40).
V. ARTICULACI�N Y RELACI�N.
Una vez� presentado el significado y el sentido
de cada uno de los t�rminos ahora nos detendremos a se�alar la relaci�n
y articulaci�n de cada uno de ellos.
En este orden de ideas, descubrimos que La Iglesia�
y su misi�n juegan un papel clave en toda la articulaci�n, porque
es esta Iglesia instituida por Nuestro Se�or,� la que est� al servicio
del Reino, para que continuemos con su praxis pastoral, la cual
se encuentra inserta en este mundo, y a la que le corresponde reflexionar
sobre los signos de nuestros tiempos, de manera que haya un eficaz
anuncio del Reino de Dios a toda la humanidad ,y esta sencillamente
es la misi�n que Jes�s nos encomend� y que nos corresponde� afrontar
y responder� con valent�a a lo largo de todos los tiempos.
Expliquemos m�s detalladamente estas conexiones
. Las relaciones existentes entre la Iglesia y el mundo se� fundamentan
en el car�cter sacramental que tiene la Iglesia y de la toma de
conciencia� de su misi�n salv�fica .
�sta� ha reconocido que debe anunciar la salvaci�n�
a la humanidad concreta, social e hist�rica que se renueva en cada
generaci�n , a un mundo� que est� transform�ndose totalmente� y
en donde actualizamos la praxis misma del Se�or.
� As� el pueblo de Dios ha de aparecer
ante el mundo como la realizaci�n escatol�gica� en el germen de
la ardiente aspiraci�n a la unidad, la paz, la� justicia, la libertad
y el amor que mueve a la humanidad entera
[8] . Ciertamente
para lograr ser ese germen salv�fico , ese signo sacramental
, tenemos una gran responsabilidad� y� labor , el de discernir constantemente
sobre los signos de los tiempos, de manera que descubramos�
concretamente �Qu� es lo que nos pide el mundo ?, � Qu� es
lo que �ste necesita ?.
En �ltimas nos parece que el discernimiento y
reflexi�n que gira en torno a �ste t�rmino (signo de los tiempos),
se trata de una invitaci�n a ser perspicaces, esto es, a saber estar
dispuestos a mirar en profundidad, en lo m�s �ntimo, la realidad,
para poder as� reconocer lo esencial.� Lo fundamental de este concepto
es que� se debe� aprender a mirar los cambios del mundo contempor�neo�
para poder anunciar de nuevo el Evangelio de Cristo de forma que
pueda ser comprendido.
Esta tarea� y responsabilidad la ha entendido
perfectamente , nuestra Iglesia, prueba de ello, este numeral de�
la Gaudium et spes :
Para cumplir esta misi�n, es deber permanente
de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la �poca e interpretarlos
a la luz del evangelio, de forma que, acomod�ndose a cada generaci�n,
pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad
sobre el sentido de la vida� presente y de la vida futura y sobre
la mutua relaci�n de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender
el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo
dram�tico que con frecuencia le caracteriza [9]
�
� Es propio� de todo el pueblo de Dios,
pero principalmente de los pastores y de los te�logos, auscultar,
discernir e interpretar, con la ayuda del Esp�ritu Santo, las m�ltiples
voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina,
a fin de que la verdad revelada pueda ser mejor� percibida , mejor
entendida y expresada de forma m�s adecuada .
� Qu� quiere decir esto ?� Para cumplir la
misi�n recibida del Se�or, y para prolongar su acci�n en el mundo.
La Iglesia pide la ayuda de los hombres de su tiempo, a fin de ser
capaz de leer atentamente los fen�menos� humanos y las tensiones
que se vienen� en la historia, de manera que desarrolle� un plan
adecuado, por llamarlo de alguna manera, que impulse� integralmente�
la acci�n y misi�n� a la cual ha sido llamada.
Ciertamente ante los signos de los tiempos, la
Iglesia se ve comprometida� a leerlos constantemente y a� emitir
un juicio sobre ellos. Los signos de los tiempos representan aquellas
etapas necesarias para aquellos que vivimos todav�a la condici�n
de peregrinos, mediante las cuales es posible vivir con vigilancia
y con esp�ritu atento� la espera del esposo que ha de venir.
Una vez hemos descubierto las necesidades que
requiere nuestro tiempo , s� podremos� inculturar el� Evangelio
.� Recordemos siempre que el compromiso es el de mostrarle al hombre
de hoy que el Reino de Dios constituye una dimensi�n real de la
existencia humana, y que es un elemento central de la predicaci�n
y de la actividad de Jes�s. Se trata de que descubramos que Jes�s
anunci� el reino de Dios... y defini� este anuncio como el Evangelio.
La manifestaci�n del resucitado y la venida del
Esp�ritu Santo confirmaron definitivamente a los disc�pulos el comienzo�
de la llegada del Reino que Jes�s hab�a anunciado en su existencia
terrena. El Reino va a constituir en adelante el objetivo de su
acci�n misionera. Todos han recibido el Esp�ritu para ser, movidos
por �l, testigos del Resucitado en medio del mundo.� As�, la� Iglesia
podr� ser Se�al. La Iglesia est� al servicio del reino. La tarea
de la evangelizaci�n de todos los hombres constituye su misi�n esencial,
su dicha y su vocaci�n m�s profunda. Ella existe para evangelizar,
como Jes�s est� llamada a ser la se�al del Reino en el Mundo a
significar su presencia, con hechos� y con palabras. M�s concretamente�
es germen del Reino.
Representa un gran desaf�o para la Iglesia encontrar,
discernir y desarrollar en la cultura actual indicios de una vida
que rige el Esp�ritu� y se deja impregnar por la acci�n de Dios.
En s�ntesis, ,evidentemente descubrimos que� La
Iglesia por ser conformada por el mismo Se�or, recibe un encargo
especial, el de anunciar el Reino, pero este anuncio aunque sigue
siendo b�sicamente el mismo, cambia en� la manera en que se transmite
a lo largo de los siglos, porque la historia y las personas van
cambiando, las necesidades y circunstancias van variando porque
la existencia misma es din�mica. La Iglesia fiel a su misi�n trata
de anunciar el Reino , y de actualizarlo en el mundo, pero para
que su mensaje tenga eco particularmente en la vida de las personas,
tiene que constantemente leer los signos de los tiempos que se�
presentan� a lo largo de la historia , debe descubrir sus realidades
y sus� necesidades para que desde all� pueda dar una respuesta convincente
y adecuada.
Aparentemente, el n�cleo de esta relaci�n se encuentra
en la Iglesia y su misi�n, sin embargo, mundo, signos de los tiempos,
Reino, etc., se desarrollan� y desenvuelven en una relaci�n� rec�proca
, intr�nseca,� donde llegue a faltar o a cojear uno de sus componentes
, la finalidad o el objeto mismo de la misi�n ser�n inapropiados
e ineficaces.
Indudablemente, la semilla del Reino ha sido sembrada
en el mundo por parte de la Iglesia� a lo largo de todos estos siglos,
pero �sta semilla ha ca�do en diferentes terrenos, este hecho trae
consigo una serie de implicaciones� y retos pastorales� que se reflejan�
en la vida cristiana.� Nuestra responsabilidad� es la seguir trabajando
en pro� del reino, en los diferentes campos que� nuestro mundo actual
requiere.
�
Esfuerzo de ello es por ejemplo, el campo de la
catequesis, es un buen espacio para continuar en la labor evangelizadora
, el campo de las pastorales� especializadas� surge como fruto de
una serie de reflexiones que versan sobre los signos de nuestros
tiempos actuales , donde existen una serie de problem�ticas en el
campo social, econ�mico, etc., y� es el espacio propicio para responder�
a ellas. A pesar de los esfuerzos que nuestra Iglesia particular
hace para responder certeramente a la misi�n, (Plan global de Pastoral,
S�nodo arquidiocesano), observamos que nos hace falta una conciencia
o mejor, una educaci�n en el campo pastoral que nos lleva a una
serie de desaciertos o estancamientos.
En la pr�ctica veo como hay una carencia de reflexi�n
sobre los signos de los tiempos, sobre lo que nos pide el mundo,
sobre lo que necesitan las personas de HOY, simplemente hacemos
y hacemos cosas o� mejor copiamos cosas , sin ning�n tipo de reflexi�n,�
respondemos con m�todos� pasados, hechos para circunstancias pasadas,
o respondemos� adoptando� tem�ticas metodol�gicas que se pensaron�
y dise�aron para� otros pa�ses.� Que pueden hacer de la pastoral
algo an�rquico, improvisado, centralista, individualista, disperso
o fragmentado.
�A�n en el esquema mental� de muchos presb�teros
contin�a existiendo� la idea de pastor - oveja, yo mando,
la oveja obedece. Hoy nos parece que la clave est� en que� el pastor
se debe adaptar a las problem�ticas y necesidades del mundo y de
la oveja. Y desde all�� dar un anuncio claro del kerigma.
Parte de la problem�tica tambi�n reside en la concepci�n eclesiol�gica�
que tengamos si el cura, se cree protagonista de la
acci�n evangelizadora, se olvida que todos los bautizados somos
Iglesia y que estamos llamados a responder a nuestra misi�n.
BIBLIOGRAFIA.
Concilio Vaticano� II
FISICHELLA, Rino, Signos de los
tiempos, en Latourelle, R. et al., Diccionario de la
Teolog�a fundamental, Paulinas, Madrid 1.992.
FORTE, B, La Iglesia icono de la
Trinidad ,� Salamanca ,1.997
Enciclopedia Teol�gica, Sacramentum
Mundi, Barcelona 1.973.
Nuevo Diccionario Catequ�tico, V - I-II,
Madrid 1.999.
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